
Cada mes de octubre, quizás un poco más que en otro tiempo del año, los católicos a lo largo y ancho del mundo y con mayor frecuencia repiten esta oración: “Santa María, Madre de Dios ruega por nosotros los pecadores...”
Y nos lleva a pensar y reflexionar sobre algo muy importante que ocurre en el mes de octubre. Se trata del Mes del Santo Rosario, la oración especial que nos invita a seguir el ejemplo de María para crear lazos aún más afectivos entre todos nosotros con el nacimiento de su hijo, su ministerio, su pasión y gloriosa resurrección.
Uno de los recuerdos más vivos del peregrinaje de la Arquidiócesis a Fátima en el año 2002, fue el unirnos a la procesión del Rosario en ese templo renombrado la noche anterior a la que el Papa Juan Pablo II murió. Éste fue verdaderamente un momento sagrado, porque ese suelo santo era tan precioso para él. Fue allí donde él regreso a darle gracias a Dios por salvarlo del atentado contra su vida en mayo de 1981.
Quiero compartir con todos mis feligreses que la próxima primavera yo estoy planeando un peregrinaje de la Arquidiócesis de Portland, con destino a Lourdes, en el sur de Francia, donde nuestra Madre Bendita se le apareció a Bernadette Soubirous, el 11 de febrero de 1858.
Cada mes de octubre nosotros los católicos nos unimos a María en su oración a través del Santo Rosario. Nosotros la vemos a ella como un modelo en nuestras vidas, siendo discípulos fieles en nuestra misión. Ella fue testigo, y el Rosario no lo recuerda, sobre los principios de la Encarnación, el Ministerio público de su Hijo , su sufrimiento y muerte, y su gloriosa resurrección.
A través de ella nosotros nos unimos más cercanamente a Jesús, el hijo de María, en el mes de octubre. Con los católicos a lo largo y ancho del mundo, nosotros oramos: “Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros”.
El Cristo viviente
Yo estoy ciertamente orgulloso de nuestras escuelas católicas, las cuales dan tan maravillosos servicios a los habitantes de Oregón. Sin sorpresa, sentimientos de aprecio para los parroquianos y los padres son raramente expresados. Pero los graduados de las escuelas católicas continúan haciendo de esta nación un país fuerte y más inteligente.
En este mes los católicos en los Estados Unidos observan el Domingo del Catecismo. El catecismo apunta “no sólo a poner a la gente en contacto sino en comunión e intimidad con Cristo Jesús”. Esta es la gran esperanza en el corazón de nuestros catequizadores, en la medida que ellos compartiran la luz de la fe con nuestros niños, nuestra gente joven y los adultos de nuestra familia católica este año que entra.
La evangelización es la misión esencial de la iglesia. Su propósito es el de “provocar fe y convicción”. Como miembros de nuestra familia de la iglesia, nuestra meta es la de construir el reino de Dios aquí en la tierra. A través de las sagradas escrituras y la vida sacramental de nuestra iglesia, nosotros hemos encontrado al Cristo viviente. Nosotros queremos que otras personas vengan a conocer a nuestro buen amigo, Cristo Jesús, en la forma en que lo hacemos.
La evangelización y la catequización van juntas necesariamente. El trabajo de catequesis en cada parroquia y escuela de esta Arquidiócesis es importantísimo para el éxito de nuestra misión evangelizadora.
La catequesis es la forma primordial en que nosotros los obispos trasmitimos la fe para ser profesada y vivida por aquellos en nuestras iglesias locales.
Nuestros directores de educación religiosa y catequismo dan la formación en la fe a toda nuestra gente.
La misa del domingo, por supuesto, es el momento de reunión primordial de la comunidad católica cada semana. La eucaristía litúrgica alimenta nuestras mentes y nuestros corazones, con seguridad. La liturgia ciertamente puede ser instructiva y es instructiva, pero la liturgia en sí misma no llena la necesidad de una formación sistemática, extensa y apropiada a la edad en las verdades de la fe, la cual es el verdadero corazón de nuestra misión catequizadora.
El trabajo de catequesis es ya una prioridad en nuestras parroquias. Pero nosotros nunca debemos olvidar que los padres son los catequizadores primordiales de nuestros jóvenes.
Hago un llamado a los catequistas para que no permitan que los padres simplemente dejen a los niños en las clases. Manténganlos a ellos también como parte del proceso. Ésta es una maravillosa oportunidad de re-evangelizarlos, de ese modo fortaleciendo su fe y llamándolos a la conversión.
Vidas en peligro
Hace ciento cincuenta años, el famoso caso de Dred Scott fue escuchado por la Corte Suprema de los Estados Unidos.
Luego de escuchar todos los argumentos a favor y en contra, la corte eventualmente decidió que una clase completa de seres humanos – personas descendientes de africanos- estaban fuera de los límites de nuestra comunidad nacional y de la protección de la constitución. Dred Scout permaneció como esclavo, pero fue eventualmente liberado por su nuevo dueño.
Él murió al año siguiente.
Nuestro país se dividió entonces en torno al tema de la propiedad de los esclavos. Hoy el conflicto divide a aquellos quienes afirman, mantienen y celebran el regalo de la vida y quienes buscan declarar otro grupo de seres humanos – los aun no nacidos, los enfermos terminales, los discapacitados, y otros considerados “inutilizables” – el estar por fuera de los límites de la protección legal.
Tal falta de respeto por la vida humana impulsó a los obispos americanos hace 35 años a designar el mes de octubre, como el mes del “Respeto a la Vida”. Al mismo tiempo, un nuevo Programa de Respeto a la Vida, como programa educativo, único y exitoso acerca de los hechos de la vida, empieza de nuevo.
Hay todavía muchos padres que aman y valoran la presencia de los niños en sus casas. Pero muchos otros no están seguros. El niño está bien si ese es su deseo. ¡No dejemos que haya sorpresas! Un aviso de Paternidad Planeada ilustra este punto bastante bien: “Los bebés son ruidosos, apestosos y costosos, a menos que usted quiera uno.”
El presente debate sobre la investigación de células madres es otro resultado de la falta de respeto por la vida humana. Hay todo tipo de científicos y políticos que afirman que los embriones humanos vivientes, creados en las clínicas de fertilidad, ya no deseados por sus padres biológicos, son materia prima que puede ser destruida para ser parte de investigaciones de células madre.
Aún más, algunos científicos quieren crear embriones humanos en el laboratorio, por fertilización o clonación, con el único propósito de matarlos para obtener las células madre. Todos estos esfuerzos equivocados continúan a pesar de que las alternativas moralmente aceptadas, tales como las células madres de los cordones umbilicales que han ayudado a pacientes con 72 condiciones y enfermedades.
En el corazón del problema está la perspectiva secular que continúa presionándonos a parar de ver la vida humana de la forma como Dios lo hace. Todos los niños, ya sean nacidos o no nacidos, desde la perspectiva de Dios, son sus criaturas preciosas, creadas por amor y cariño para toda la eternidad.
La falta de respeto a la vida, no solamente se enfoca en el no nacido. Los ancianos están bajo el escrutinio en estos días. Hay quienes afirman que los pacientes con demencia o en el llamado “estado vegetativo persistente” ya no son verdaderas personas. Por lo tanto las familias deberían negarles a ellos las formas más básicas de nutrición y cuidado. Aun cuando nosotros sabemos por experiencia humana que el enfermo y los ancianos impulsan a los miembros de la familia a proveer servicios realmente generosos y de sacrificio, que benefician tanto a los ancianos y avanzan su propio crecimiento en santidad personal.
Otro asunto de la vida, la pena capital, está también arraigado en la preocupación por la santidad de la persona humana, pero no tiene la misma gravedad o contenido moral.
El aborto, por otra parte es un asalto deliberado contra un niño no nacido, inocente y sin defensa y no puede ser justificado.
La pena de muerte, de acuerdo con el Papa Juan Pablo II en el Evangelio de la Vida, puede ser empleada en casos de absoluta necesidad cuando sea imposible de otra forma defender a la sociedad. En las propias palabras del Papa, “tales casos son muy raros, sino prácticamente inexistentes”. Esta enseñanza permanece como un gran reto incluso para algunos de nuestros más fieles miembros de Pro-Vida. Los católicos escogen estar en contra de la pena de muerte, como una manera de escoger la vida.
El caso de Dred Scout hace 150 años terminó en condiciones peligrosas e injustas para algunos de nuestros hermanos y hermanas.
La decisión en el caso de Roe contra Wade y la ley del estado de Oregón legalizando el suicidio asistido por un médico, han resultado ser conductas erradas que niegan el respeto a la vida de algunos de los más valiosos ciudadanos. Nosotros públicamente renovamos nuestros esfuerzos para promover la dignidad y el valor de la vida humana.
Nuestros niños y jóvenes
En la Arquidiócesis de Portland nosotros observamos el Día Ember, del otoño en septiembre. Ese día especial de oración y ayuno se enfocó en la necesidad de sanación y reconciliación en la vida de aquellos que han sido más perjudicados como resultado del abuso sexual de menores por parte de algunos de nuestros religiosos y otros trabajadores de la iglesia.
El trabajo de sanación y reconciliación real, sin embargo nunca será verdaderamente exitoso hasta que nosotros estemos seguros que como personas hemos hecho todo lo posible para proteger a nuestros niños y jóvenes de este tipo de crímenes en el futuro.
¿Es posible para nosotros erradicar estos crímenes completamente? Probablemente no. Aquí en la Arquidiócesis de Portland, como en muchas otras Arquidiócesis a lo largo de los Estados Unidos, nosotros hemos logrado mucho para evitar el abuso sexual de menores por parte del clero. Pero este trabajo necesita continuar porque la sanación toma mucho tiempo. Oremos por esto hermanos.