
La evangelización, la misión esencial de nuestra familia cristiana involucra en todo el sentido de la palabra, la proclamación del Evangelio, el llamado a la conversión de todas las personas en cualquier lugar del mundo. Y este proceso de evangelización se inicia en casa.
La evangelización nos anima a dar la bienvenida a aquellos que han estado alejados de la iglesia o aquellos que nunca han conocido al Señor. Queremos que todos se unan a nuestra parroquia. Después de todo, Jesucristo fue enviado por su Padre para predicar el Evangelio y hacer el llamado de cada persona hacia su fe. Ésta fue su misión y cuando él ascendió al cielo, él encargó esta misión a sus discípulos.
Las temporadas de Navidad y Semana Santa son las mejores épocas para difundir esta Buena Nueva. Todas las personas tienen el derecho de escuchar el Evangelio, que es la Buena Nueva de Dios que se revela a nosotros en Cristo Jesús.
Servidores fieles y generosos de la misión
Como católicos bautizados es nuestra obligación cuidar de otras personas, trabajar por la libertad legítima de los oprimidos, y compartir la luz de la paz de Cristo sin importar el lugar donde estemos.
Debido a nuestro bautismo, nosotros no podemos vivir nuestras vidas como si nuestra única preocupación fuera nosotros mismos y como si nuestra sola misión en la vida fuera nuestra felicidad personal. Nosotros debemos vivir nuestras vidas como Cristo, en solidaridad con aquellos que viven en angustia por cualquier razón, en sintonía con la voluntad de nuestro amable Dios, quien nos ha favorecido con fe tan amorosamente.
El mes pasado marqué el décimo aniversario de mi instalación como Arzobispo de Portland, un tiempo que ha sido de mucho crecimiento personal.
Un nuevo obispo en la Provincia de Portland
El 20 de noviembre del 2007, el Papa Benedicto XVI designó al obispo Michael Warfel de la Diócesis de Juneau, como el obispo de Great Falls Billings. Su predecesor, el obispo Anthony Milone, había renunciado por razones de salud.
Yo he llegado a conocer al obispo Warfel muy bien durante estos diez años. Él es un líder pastoral de la iglesia con gran inteligencia y sobre todo, es una persona muy piadosa.
Él fue ordenado como sacerdote por la Arquidiócesis de Anchorage, el 26 de abril de 1980. Allí sirvió en varias asignaciones parroquiales, hasta que fue ordenado e instalado como el cuarto obispo de Juneau, el 17 de diciembre de 1996.
Dejar Alaska no va a ser fácil para el Obispo Warfel. Allá fue donde él escuchó el llamado de Dios para servir como sacerdote. Pero las personas al oriente de Montana rápidamente descubrirán que sus años en Alaska lo han preparado bien para las demandas del servicio espiritual, físico y geográfico que tendrá que atender como pastor a cargo de Great Falls Billings.
Great Falls Billings es una de las cinco diócesis de la Provincia de Portland. Las otras son Baker, Oregón; Boise, Idaho: y Helena, Montana. Con la instalación del obispo Warfel, yo estaré instalando todos los actuales obispos de la provincia. Me imagino que esto me hace el prelado más antiguo.
La vocación para el episcopado es sin lugar a dudas un gran privilegio, aunque requiere una gran responsabilidad.
Yo he leído tantas cosas malas sobre los obispos católicos en los últimos años, en los medios tanto seculares como católicos, que yo me pregunto: ¿Quién querría alguna vez unirse a esta banda de hermanos ampliamente desacreditados?
Por otra parte, yo reconozco que una de las bendiciones más grandes de mi servicio como obispo durante estos 24 años, ha sido el ejemplo, apoyo y fructífera colaboración de mis hermanos obispos.
“Ven, sígueme”
Este año que acaba de pasar en el cuarto domingo de la Semana Santa, el Día Mundial de Oración por la Vocaciones, el Papa Benedicto XVI habló acerca de las vocaciones para el ministerio de la ordenación y su importancia en la vida y misión de la iglesia.
Él urgió a los católicos del mundo a orar para que ellos pudieran incrementar en número y en calidad a sus servidores.
Él observó cómo Dios había escogido siempre a algunos individuos para trabajar con él de una forma más directa. En los tiempos del Antiguo Testamento fueron Abraham, Moisés y los profetas. En el Nuevo Testamento Jesús invitó a cada uno de los apóstoles a pasar tiempo con él, y a compartir su misión.
Él los encargó de la obligación de conservar viva la conmemoración de su muerte y resurrección hasta el final de los tiempos.
Los hombres que fueron ordenados al sacerdocio hace cuatro años fueron encuestados recientemente acerca de sus experiencias en la jornada del sacerdocio.
Setenta y ocho por ciento de estos hombres dijeron que un sacerdote los había invitado a ellos. Pero cerca de la misma época, otra encuesta de los obispos reveló que sólo el 30 por ciento de los sacerdotes en los Estados Unidos activamente invitan a otros hombres a considerar el sacerdocio.
Yo creo que nosotros lo estamos haciendo un poquito mejor aquí, por el incremento en el número de nuestros seminaristas, pero aún no estoy seguro.
Yo sé que muchos sacerdotes frecuentemente animarían a los jóvenes a considerar tal vocación, pero la mayoría son más discriminados para llevar este tema. Después de todo, esto podría muy bien encontrarse como una exagerada apreciación por las vocaciones de la iglesia y un aparente desdén por las vocaciones de los laicos en la vida familiar y la sociedad.
Esta situación se está agravando con la falta de apoyo de las personas en los bancos de la iglesia, y los pájaros de mal agüero que regularmente desprestigian el ministerio de los sacerdotes y los obispos, con razón los mismos sacerdotes encuentran que este es un asunto un tanto difícil de abordar. Nosotros obviamente necesitamos ayuda.
Las vocaciones al ministerio, como todos los ministerios, son el trabajo de toda la iglesia.
Yo les pido a todas las personas de la Arquidiócesis a enfocarse concretamente en esta necesidad de nuestra iglesia y sobre todo, hacer todo lo que ellos puedan para animar las vocaciones, empezando con sus propias familias, y a orar para que el Señor envíe más trabajadores para refrescar la cosecha.
Por favor oren por nuestros seminaristas y candidatos para la vida consagrada. Oren también para que el número continúe creciendo.