Edición Impresa: 03/20/2008

Sanación y reconciliación, nuestra esperanza en esta Semana Santa

La Semana Santa y la Pascua son los tiempos centrales del año litúrgico, en nuestra familia católica. Este tiempo se inicia el Domingo de Ramos, con la bendición de las palmas y la procesión dentro de nuestras iglesias. Y concluye, el Domingo de la Divina Misericordia, el próximo 6 de abril, que es cuando reconocemos que el Misterio Pascual de la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor, es la razón por la cual todos estamos seguros de que la sanación y la reconciliación son una realidad.
Nuestra gran festividad de la Semana Santa, entonces, se extiende durante varias semanas. La noticia de la Resurrección del Señor es tan buena, que un día o una semana, no podrían ser suficientes para celebrar esos maravillosos eventos que pasaron fuera de Jesuralén hace cerca de 2.000 años.
En su homilía del Jueves Santo, el año pasado, el Papa Benedicto XVI reflexionó sobre la aparente contradicción entre el Evangelio de San Juan y los Evangelios sinópticos acerca de la Ultima Cena de Jesús. De acuerdo con Juan, Jesús murió en la cruz precisamente cuando los corderos de pascua estaban siendo sacrificados en el templo.
Mateo, Marcos y Lucas sugieren que la Ultima Cena fue realmente una Cena de Pascua, en la cual el cordero sacrificado era ya el centro de la mesa. Hasta que fueron descubiertos los rollos de pergamino del Mar Muerto en Qumran, hace varias décadas, la mayoría de los exégetas estaban de acuerdo con los Evangelios sinópticos, creyendo que Juan estuvo vacilante en decir la fecha histórica verdadera de la muerte de Jesús y escogió una fecha simbólica. Pero el descubrimiento de los pergaminos históricos, ahora nos lleva a creer que el relato de Juan es históricamente correcto.
Tal como nuestro Santo Padre relata, Jesús derramó su sangre al mismo tiempo que la inmolación de los corderos. Es más que probable, que Él celebró la cena de la pascua sin cordero, como la comunidad de Qumran. Cuando Jesús celebró la pascua con sus amigos, el cordero presente no era uno que había sido sacrificado en el templo. El cordero era Jesús, quien al día siguiente se dio a sí mismo, su propio cuerpo y sangre. ¡Por la salvación del mundo!
Al principio de su ministerio público, Jesús fue señalado por Juan el Bautista quien dijo, “He aquí, el Cordero de Dios, quien quita el pecado del mundo” (Juan 1: 29)
Cuando Jesús fue clavado en la cruz el Viernes Santo, él mismo se convirtió en el cordero del sacrificio. Es por esta razón, que la cruz se ha convertido en el punto focal de la nueva pascua de Jesús, la cual nosotros los cristianos celebramos siempre que nos reunimos para la Eucaristía.
A través de la Eucaristía, somos alimentados con la verdadera vida de Jesús en nuestra jornada de fe. Los santos aceites bendecidos cada año, antes de la Semana Santa, también nos marcan en una forma única, como la gente santa de Dios, escogida para ser instrumento de su misión evangelizadora en el mundo de hoy.
Por favor oren por todos nosotros los clérigos, los obispos, sacerdotes y diáconos, y todos los ministros pastorales laicos, que han venido a estar con ustedes en servicio y no a ser servidos. Cuando nosotros miramos a la cruz, lo hacemos con gran amor, esperanza permanente, y la fe renovada, en que ese Jesús que nos amó hasta el final todavía vive entre nosotros y estará con nosotros hasta nuestro final.
La Iglesia: Sorpresa de Dios
En los siete Ritos de Iniciación llevados a cabo en toda la Arquidiócesis, durante los primeros dos fines de semana de Cuaresma, se hicieron presentes 750 personas que se están preparando para recibir el sacramento durante la Pascua.
Mientras estas personas buscan una comunión completa con nosotros, en nuestra comunidad católica, otros, quizás algunos de nuestros propios familiares y amigos, han decidido romper los vínculos con nuestra iglesia. Un hombre incluso me escribió pidiéndome anular su bautismo, que es algo sobre lo que no tengo poder. Es como si me pidiera que anulara su vida. Otro de los casos, es el de una mujer de Portland, que me escribió para informarme que estaba dejando la iglesia, “con el corazón partido”.
¿Qué pasa con nosotros? Aquellos que han dejado nuestra iglesia citan un sin fin de razones. Entre éstas, el escándalo de abuso sexual de menores por parte del clero que ciertamente ha afectado a muchos. Otros citan la posición de la iglesia en temas como el control de natalidad, o el derecho de la mujer a ser elegida o elegir, en temas del clero, por ejemplo. Otro de los temas es el del homosexualismo y lo que algunos llaman asuntos “humanos”. Algunos también, han estado esperando cambios que nunca sucedieron con relación a nuestra práctica sacramental relacionada con el matrimonio y la Eucaristía. Todo esto, por supuesto, es muy doloroso para muchos de nosotros.
El hecho de que nosotros como iglesia apreciamos y defendemos nuestras creencias y valores parece inaceptable. El hecho de que la iglesia siempre ha sido una casa para pecadores y santos es aparentemente una sorpresa, si no un escándalo para muchos. Todo esto puede ser muy frustrante cuando el césped se vé más verde donde parece que estos problemas no existen. Yo supongo que esto será siempre así. A las personas no les importa escuchar las buenas noticias, pero se molestan, cuando se hace un llamado a la conversión, que es esencial en nuestra misión evangelizadora de la iglesia.
Yo confío suficientemente en la Divina Providencia, al aceptar el hecho de que Dios puede llevar a las personas hacia él fuera de la iglesia, incluso cuando ellos rechazan la iglesia. Pero yo temo por ellos, cuando tratan de recorrer el camino hacia la gloria por sí mismos. Es muy fácil perder el camino, en un mundo que menosprecia la vida virtuosa encarnada en las enseñanzas y las convicciones de nuestra fe católica.
Va a ser un gozo dar la bienvenida a los recién convertidos a nuestra comunidad católica, durante esta Semana Santa. Pero nosotros no olvidamos a quienes han escogido alejarse de nuestra iglesia. Ellos pueden despreciarnos e incluso subestimarnos, pero ellos serán siempre una parte nuestra.
Padrinos de Confirmación
Muchas personas piensas que no hay expectativas frente a quienes van a ser padrinos del Bautismo y la Confirmación.
Yo envíe una carta a nuestros sacerdotes y ministros pastorales, con las preguntas que se hacen con frecuencia, cuando se presentan quienes van a ser padrinos de Bautismo o Confirmación. Algunas veces los pequeños, ni siquiera saben los nombres de sus propios padrinos.
Los padrinos deben haber recibido los tres sacramentos de Iniciación Cristiana, es decir, el Bautismo, la Confirmación y la Primera Comunión. En otras palabras, para mostrar a los nuevos convertidos, el camino por medio del discipulado, Ellos mismos deben estar familiarizados con el compromiso que estos sacramentos representan, para poder ser escogidos como padrinos. Si alguna persona no ha recibido aún uno de estos sacramentos, ellos deben declinar la invitación para ser padrino, hasta que lo hagan.
Los padrinos de Bautismo y de Confirmación también deben ser católicos practicantes. Ellos deben participar de la misa los domingos y en los días santos, y ellos deben recibir el sacramento de la santa comunión y la reconciliación con regularidad.
El propósito total de la vida sacramental de la iglesia es la de alimentarnos en nuestra jornada de fe. Si aquellos que lideran el camino no están alimentados apropiadamente, ellos van a vacilar y eventualmente ser incapaces de mantenerse al paso del vivir cristiano. Cuando esto pasa, ¿cómo pueden ellos liderar a otros?
Los padrinos deben estar viviendo la vocación cristiana con fidelidad y con la conciencia tranquila, ya sea un persona soltera o casada por la iglesia. Sí, los religiosos y clérigos pueden servir en ese papel. Pero algunas personas casadas, infortunadamente, no pueden ser elegibles. Aquellos casados por un juez de paz, o aquellos viviendo juntos sin el beneficio del matrimonio, y aquellos que se han divorciado y vuelto a casar sin una declaración apropiada de un tribunal diocesano concerniente a previo(s) matrimonio(s), no son elegibles para cumplir con el papel de padrino de Bautismo o de Confirmación. Es posible rectificar la situación, pero desafortunadamente uno no lo puede hacer apresuradamente.
Los padrinos también deben procurar vivir en forma activa sus propios compromisos bautismales con Cristo y con la iglesia, por la forma como ellos tratan a otros. Obviamente la discriminación, la intolerancia, la alienación hostil contra los parientes, los conocidos y los vecinos levantan serias preguntas sobre la calidad de vida cristiana de uno.
Además, ellos deben tener por lo menos 16 años de edad y por lo tanto, ser capaces de asumir la responsabilidad que Dios y la iglesia coloca frente a ellos, es decir servir de guía y acompañantes para aquellos nuevos creyentes que están siendo bienvenidos dentro de la vida en la fe y la participación total en la misión de la iglesia.
Los padrinos de Bautismo y Confirmación deben prometer dar su apoyo a estos candidatos sacramentales a través de sus oraciones y el ejemplo de su vida cristiana cada día.
Un ambiente de trabajo justo
Los católicos podemos estar orgullosos de las enseñanzas sociales de la iglesia con derecho. A través de los años, se ha reconocido como un rico tesoro de sabiduría, la construcción de una sociedad justa y la vida de santidad, sobre todo en medio de los retos que enfrenta el mundo actual.
Nuestro consejo presbiterial se enfocó en uno de estos temas: la dignidad del trabajo y los derechos de los trabajadores. Hemos hablado de que la economía debe servirle a la gente y no lo contrario.
Los cristianos ven el trabajo como algo más en la forma de conseguir el sustento. Éste es una forma de participar continuamente en la creación de Dios. Si nosotros somos serios, acerca de proteger la dignidad del trabajo, entonces los derechos básicos de todos los trabajadores deben ser respetados. Es decir, el derecho a un trabajo productivo, salarios justos y reconocimiento.

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