
El peregrinaje arquidiocesano a Francia fue espiritualmente edificante para muchos de nosotros. Este fue especialmente significativo para los clérigos ordenados durante el viaje.
Nuestros sacerdotes han estado más que todo en mi corazón y en mi mente durante las últimas semanas. He orado por ellos cada día, pero nunca con tantas intenciones como lo hice en Ars, Francia. El santo John-Marie Vianney es el santo patrón de los sacerdotes de las parroquias.
A los visitantes se les invita a escribir los nombres de los sacerdotes por quienes a ellos les gustaría que los peregrinos recuerden en oración. Antes de que entráramos a la capilla, yo les recordé a los peregrinos de Oregón que la forma de escribir mi apellido era V-l-a-z-n-y. Estuve muy agradecido porque muchos atendieron mi solicitud y también muy impresionado, porque muchos se tomaron el tiempo para escribir los nombres de sus sacerdotes favoritos.
Con nuevos hombres ordenados, algunos jubilados e incluso otros, como pasó este año, inesperadamente llamados a su descanso eterno, hay inevitablemente varios cambios en la asignación de nuestros sacerdotes. Este es también el tiempo del año en que las personas a quienes les gustaría un cambio en su pastor se aseguran de que el Consejo de Personal de los Clérigos y yo también estemos informados.
Siempre hay algunos parroquianos que quieren tener su voz en la “selección” de sus nuevos sacerdotes. Me gustaría recordarles que estoy más que dispuesto a contar con su ayuda en nuestro esfuerzo de “encontrar” un nuevo sacerdote. Lo más interesante, es que nuestros sacerdotes no están interesados en trasladarse. Ellos están bastante contentos en el lugar en que se encuentran. Por esto, nosotros deberíamos estar muy agradecidos.
Este es el tiempo del año en el que estoy recibiendo los reportes de las evaluaciones de todos nuestros seminaristas.
Es un gozo que el número de seminaristas se haya incrementado con los años. Yo estoy especialmente orgulloso de los padres Kenneth Sampson y padre Luan Tran, quienes fueron recientemente ordenados en la catedral. Ellos van a ser acompañados por el padre Ron Nelson, quien fue ordenado el año pasado y actualmente completa sus estudios en la escuela de graduados en Roma, como vicarios parroquiales recién nombrados a lo largo del occidente de Oregón, a partir del 1º de julio.
Cuando nuestros peregrinos visitaron Ars, a la salida del pueblo nos encontramos con una estatua conmemorativa de una reunión entre San John Vianney y un pequeño pastor. Esto ocurrió mientras el santo sacerdote estaba aproximándose al pueblo en donde él iba a ser el nuevo ministro. Él no estaba totalmente seguro acerca de la forma de entrar a Ars y por eso le dijo al joven, luego de haberle dado algunas direcciones: “Tú me has mostrado el camino a Ars. Yo te mostraré el camino al cielo”.
Esto es probablemente un buen modelo para todos nosotros. Los sacerdotes necesitamos que se nos muestre el camino de la vida y de los corazones. Nuestro trabajo, a través de la enseñanza, la oración y el cuidado pastoral, nos confía la responsabilidad de mostrarles a ustedes el camino al cielo. Esperemos que nuestra orientación ayude a guiar la gente santa de Dios.
Puesto que muchos de ustedes recibirán nuevos sacerdotes a principios de julio, yo los animo a darles la bienvenida a ellos de todo corazón y ayudarlos a ajustarse a las nuevas circunstancias y retos de sus comunidades. Yo siempre recuerdo al sacerdote la importancia de estar cercano a la parroquia y sus parroquianos antes de hacer cualquier tipo de cambios importantes en las operaciones y actividades. Pero yo también quiero recordarle a los parroquianos que un cambio en el liderazgo inevitablemente trae algunas formas nuevas de hacer las cosas.
Así como nuestros sacerdotes deben familiarizarse con sus deseos y necesidades, es también importante permitirle al nuevo líder tener voz y voto. La colaboración debería ser el sello de nuestras iniciativas y actividades pastorales.
Yo los animo este mes a orar por nuestros sacerdotes, los veteranos y los nuevos, los extrovertidos y los introvertidos. Todos nosotros necesitamos de su apoyo y tenemos que dar la talla ante los retos significativos que el ministerio sacerdotal supone.
Llamado Anual
Luego de la decimosegunda semana de nuestro llamado anual, las donaciones prometidas están en $256,169 dólares por debajo de lo prometido el año pasado.
Aun más, hay sólo tenemos $1,415 donantes menos y el regalo promedio es un poco menor de lo prometido el 2007. Este descenso en el apoyo es desalentador, pero hay bastante tiempo para cambiar las cosas.
Yo me doy cuenta de que este es un tiempo difícil económicamente para nuestra gente y ellos simplemente no pueden hacer lo que hicieron el año pasado. Sin lugar a dudas, hay una desmoralización persistente entre un número de personas como resultado del escándalo de abuso de menores y la bancarrota que experimentamos.
El año pasado el 35 por ciento de los hogares católicos nos proporcionaron más de $4’000.000 de dólares. Su regalo para el llamado anual de su donación, se vio como un ejemplo de su fe. Nosotros contribuimos porque creemos que a través de ayudar al otro, nosotros mejoramos nuestra propia relación personal con Dios.
Devoción al Sagrado Corazón
Junio es tradicionalmente el tiempo dedicado a la devoción especial al Sagrado Corazón. La devoción está basada en el simbolismo del corazón, un signo de amor en cada cultura.
La presencia de muchas iglesias dedicadas al Sagrado Corazón de Jesús señala la importancia de esta devoción en la vida de los católicos.
Cada primer viernes, hay católicos alrededor del mundo que se dirigen al Sagrado Corazón, buscando su misericordia y perdón, cuando se confrontan con la realidad de sus propios pecados. Nosotros también miramos hacia el Sagrado Corazón de Jesús buscando santidad y paz en circunstancias que encontramos particularmente problemáticas.
La vida devocional de la iglesia es rica y edificante. Nuestra visita a Paray-le-Manial en nuestro peregrinaje a través de Francia renovó mi aprecio por la forma en la que Dios escoge revelar la gracia salvadora a su gente.
Este pequeño pueblito en Burgundy, muy parecido a Nazaret muchos siglos antes, creó un espacio a través del cual Dios nos recordaría a todos que “Su amor no tiene fin”. Conscientes de nuestras necesidades y debilidades, aceptamos ese mensaje y oramos: “Sagrado Corazón de Jesús, ten piedad de nosotros”.
Peregrinos en Lourdes
Ya han pasado 150 años desde que la Virgen Bendita se apareció a santa Bernadette Soubirous en Lourdes, Francia. El jubileo de los ciento cincuenta años está siendo observado allí con gran gozo y solemnidad. Ochenta y nueve peregrinos de la Arquidiócesis de Portland se reunieron allí, a finales de abril, para participar en el camino del jubileo. Esta fue una experiencia inolvidable y llena de fe.
La pieza central del peregrinaje fue nuestra misa del domingo por la mañana en La Gruta, en Lourdes. Nosotros fuimos acompañados por un grupo de personas de Escocia. Fue allí donde Nuestra Señora se apareció a santa Bernadette en dieciocho ocasiones diferentes en 1858. Seis millones de personas visitan Lourdes cada año. Ellos van porque es un lugar donde los cristianos pueden libremente expresar su fe, donde la gente enferma y con discapacidades tiene prioridad, donde la oración, el servicio y la fraternidad entre las personas es evidente, donde los niños y la gente joven encuentran encanto especial y donde cada persona puede estar abierta a Dios.
La historia de Lourdes se escribe cada año por los peregrinos que van allá. Es una historia viva, según el obispo del lugar.
Durante sus apariciones a Bernadette, la Madre Bendita con frecuencia habló acerca de la necesidad de hacer el acto de contrición y orar por los pecadores. Ella le pidió a Bernadette que buscara agua. Bernadette lo hizo, y encontró un manantial que estaba corriendo claro y aun hoy lo hace. Esta agua bendita es una hermosa señal de conversión. Una señal que nos lleva al camino del gozo y la reconciliación. Todos los lugares santos en Lourdes le ayudaron a nuestros peregrinos a expresar y experimentar su sincero deseo por la reconciliación.
Nuestros hermanos
La segunda parte de mayo se nos invita a recordar a nuestros amados seres que han fallecido. Nuestra Arquidiócesis recordó a nuestro séptimo arzobispo Cornelius Power, quien murió en 1997. En el “Día de los Caídos” recordamos a aquellos que dieron sus vidas como miembros de las fuerzas armadas durante el tiempo de guerra, al mismo tiempo que a todos nuestros amados difuntos.
El Arzobispo Power sirvió en nuestra Arquidiócesis hasta 1986. Su hermana, Mary Meyers, todavía reside en la Arquidiócesis.
Durante el último año nosotros hemos perdido varios sacerdotes. El primero en morir fue el padre Lawrence Saalfeld, un maravilloso pastor y educador católico. El siguiente fue el padre Jeremiah Linehan, cuyo hermano Cornelius es uno de nuestros sacerdotes retirados.
El padre Emil Kies, un sacerdote quien pasó su vida sacerdotal en el sur de Oregón, murió en la Casa de Ancianos Maryville a principios de octubre. Luego el padre Louis John Breton, un sacerdote Servite de La Gruta de Nuestra Madre Dolorosa aquí en Portland, murió a finales de octubre. El padre Gregory Gage, el antiguo pastor de la parroquia de San Pedro en Newberg, murió el Día de todas las Almas. Él fue seguido del padre Jim Crunican, sacerdote por 44 años quien murió después.